28.10.08 – 0:07 | por imobilis

7.00, despertador. Apenas 2 horas de sueño. Te levantas, aseas, vistes y desayunas apresuradamente y corres para no perder el bus.
Demasiado tarde, lo perdiste. Descubres que en tu bolsillo tienes las llaves del coche, y sales corriendo calle arriba a por él. Hoy no llegaras tarde a pesar de ser lunes y haber perdido el bus, como tantos otros lunes.
Mala pata. Camion de la basura, calle de un solo carril. Pierdes 10 minutos.
Mala pata. Semaforos que parece que solo tienen un color, y te impiden avanzar a buen ritmo. Ya pasas, llegas a la rotonda, sales de la avenida. Calles vacias y solitarias de octubre por la mañana. Estas llegando al destino.
Consigues aparcar, has llegado con diez minutos. Suficientes para revisar tablones y poder coger buen sitio en el aula. Llega la gente, tu gente. Charla y risas, sal para olvidar que estamos alli y que nos espera otro duro día.
En medio de las clases, recuerdas que no has dormido apenas. Los parpados te pesan, y por más que intentas mantener la atención no puedes. Aguantas el día gracias a una voluntad que no sabes de donde ha salido.
Fin de las clases, tras seis horas. Hora de comer, y lo que iba a ser un almuerzo solitario se convierte en un almuerzo con siete personas, con tu gente. Risas, ideas, coñas, proyectos, todo se mezcla, seriedad e informalidad, como cada día. Como todos los dias. Relajación tras una mañana de trabajo.
Se acaba la comida, hay que volver a la responsabilidad. Cada cual vuelve a sus clases o sus casas. Tu vuelves a tu coche, vuelves al piso. Soledad.
Llegas al piso, te acomodas, y en ese momento, te sientes difuminado. En tu cabeza se agolpa todo lo que tienes que has hecho durante el día, todo lo que te queda por hacer…
19.00, suena el telefono. Despiertas tras una siesta reparadora. El día continua, estas descansado, pero todo sigue difuminado…
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Escuchando: Avalanch – “Aprendiendo a perder”
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